domingo 6 de diciembre de 2009

lunes 16 de noviembre de 2009


Bien mediado el mes de septiembre fuimos Jaime del Huerto y yo a visitar San Pedro Manrique. Mi querencia por Tierras Altas es algo que no he escondido nunca, antes bien, me complace reconocerlo siempre que puedo. Recorrimos la villa, admirando las casonas de los ganaderos, entre ellas, la más importante y mejor conservada, la de la familia Hidalgo. Salimos extramuros y subimos hasta la iglesia de San Miguel, en ruinas, amparando al cementerio. Comimos en la Pensión Pili un sabroso arroz y escabechados, y nos enteramos de que la propietaria, Pilar, vislumbra ya su jubilación.
Ya de vuelta quise enseñarle Sarnago a Jaime. Y Jaime, como ha sucedido con otros artistas y escritores, se enamoró de Sarnago. Es lo que tienen los pueblos deshabitados –ahora éste en proceso de rehabilitación- para los espíritus sensibles. Se cree ver en ellos la vida todavía, aunque en realidad se imagina, y al hacerlo, aparece idealizada.
Sarnago se distingue de otros pueblos deshabitados por su ubicación, por lo que se une, al caserío desdentado, a los muros derruidos, a las viejas puertas entre abiertas, a la hierba creciendo por entre los guijarros de las calles, las vistas de montes redondeados, prados, pinos de repoblación y “el castillo”, donde los primitivos habitantes de Tierras Altas se asentaron para, de manera ininterrumpida, generación tras generación, vivir y morir en ellas.
Cuando bajábamos los escalones de la pequeña iglesia románico-rural, en ruinas, aunque todavía mostrando su puerta con arco de medio punto y los nervios de las bóvedas, Jaime me dijo que iba a pintar Sarnago.
Volvimos unos días después para hablar con José María Carrascosa sobre la posibilidad de organizar una exposición para el próximo verano de 2010. José María se mostró entusiasmado y Jaime, recorriendo de nuevo el pueblo con él como cicerón, se reafirmó en su proyecto.
Pasamos en Sarnago el domingo siguiente, Jaime haciendo ya bocetos, yo tomando apuntes para, tal vez, apoyar esa exposición con algún relato, ya veremos. Fue un día hermoso, con algunos árboles amarilleando entre el verdor de los pinos. Descubriendo una piedra con signos por aquí –estudiadas por Eduardo Alfaro- un arco medio derruido de una gran casona de merineros, las mejores vistas de conjunto matizada la límpida luz por filamentos de nubes, mientras bebíamos un Ribera y comíamos un dulce de alfajor llegado de Jaén.
El proyecto “Pintar Sarnago” está en marcha.

sábado 22 de agosto de 2009

Sarnago y Abel Hernández


Sarnago es ya un referente cultural en Tierras Altas. Hace casi veinte años, cuando lo visité para el trabajo sobre la despoblación, no podía imaginar lo que la Asociación de Sarnago, con José María Carrascosa al frente, sería capaz de conseguir. Lucha, constancia e ilusión han sido los ingredientes que han hecho posible logros como ir restaurando casas, el agua, mejorar algo el camino, mantener el museo etnográfico, editar tres revistas.
A este esfuerzo se ha unido Abel Hernández con su obra “Historias de la Alcarama” y ello ha sido un revulsivo más que ha arañado la neblina de los recuerdos y ha reunido en torno a ellos a los que se vieron obligados a abandonar sus casas, o a aquellos otros que, con mejor talante, se marcharon creyendo encontrar fuera de Sarnago una vida mejor, que tal vez lo haya sido, pero puede que el precio pagado por ello haya resultado elevado.
En el espacio de la plaza, conformada por una casona que perteneció a la familia de Abel y Delfín y la vieja escuela, rodeada por montes viejos, venerables y antiguas dehesas, sarnagueses emigrados, buenas gentes de Tierras Altas, y algunos visitantes, nos dimos cita, un año más, para acompañar a José María Carrascosa, a los miembros de la Asociación, y a Abel Hernández, en la presentación de la revista Sarnago nº 2, y en el libro –comparado ya con el buen hacer de la Generación Literaria del 98- “Historias de la Alcarama”, cuya foto de portada fue hecha por el fotógrafo soriano César Sanz, quien también tuvo palabras de elogio merecido para Abel. Anunció el autor una segunda parte, de la cual leyó un capítulo, emocionado y emocionante para los allí presentes.
La reunión finalizó con un ágape preparado por el Taller de Empleo de Alimentación Tradicional de Tierras Altas, cuando el calor feroz que padecemos este año en Soria, daba un respiro y la brisa a través de los montes traía ecos de culturas antiguas.

La ermita de la Soledad y las antiguas escuelas de Pinilla del Olmo




viernes 21 de agosto de 2009

Narbaiza en Pinilla del Olmo


En el alto de la paramera de Barahona, pino como su nombre indica, está el pueblo de Pinilla del Olmo. Anciano y desdentado, de él solo destaca la mole del templo. No sabemos si es en esta iglesia, o en la ermita de la Soledad, desvalida al final de un viejo y polvoriento camino, donde se guarda la imagen de la virgen del Tremedal, curiosa advocación, en cuyo honor celebran fiestas anuales.
Incluso en agosto, la soledad de este pueblo soriano es abrumadora. Nos regalaron un DVD y en él puede apreciarse, tanto como al natural, lo impresionante de este pueblo, de su entorno desolado, de sus muchas casas en ruinas, de la piedra descarnada. Es el escenario ideal para cualquier director de la escuela de Rosellini, es Stromboli su entorno, lunar, volcánico. También las hermanas Brontë hubieran situado en Pinilla cualquiera de sus novelas, tremendas y románticas.
En este entorno gris Javier Narbaiza ha construido su particular Arcadia. Lo halló un buen día, hace ya años, cuando andaba buscando sus orígenes, la escuela donde el abuelo enseñaba, el lugar donde empezó una generación que luego traería otra, y otra. Quiso él recomponer el quiebro generacional y volver a la tierra que fuera ganadera y ahora lucha por dar algunos frutos.
La casa y “el casillo”. En la primera vive parte del año con su esposa Belén, y su hija, Jimena. En el segundo reúnen a los amigos. Y allí fuimos un caluroso día de agosto, con el señuelo de tratar asuntos de los Artesanos en la Red, quienes previamente nos habíamos reunido en la casa de autoridades de Valonsadero. Y digo señuelo, porque ni un día ni el otro tratamos asuntos relativos a los webs, ya somos todos amigos y nos reunimos por el placer de hacerlo, comer unas migas, recorrer el entorno de la reunión, y coger ideas que después se plasman en los buscadores para dar a conocer al que lo desee las peculiaridades del lugar visitado.
Esta vez fue Pinilla del Olmo y la última parada fue en el edificio de la antigua escuela, ahora convertido en lugar de reunión, un a modo de centro social. Es, junto con la humilde ermita, lo más destacable de Pinilla, abstracción hecha del templo. Unos escalones de piedra dan acceso a lo que fuera la escuela, y en la parte de abajo, una habitación pequeña y fresca, se dedica a las reuniones, a recordar viejos tiempos, a añorar lo que se perdió tratando de recuperar parte de ello, a dar y tomar ideas que, en muchos de los casos, quedarán reducidas, como el sueño de una noche de verano.

domingo 9 de agosto de 2009

Las lavanderas de Valdanzo


Foto: Jesús Muñoz Monge

Al hermoso y acogedor pueblo de Muriel Viejo llegaron de Valdanzo hombres y mujeres, capitaneados por María Ángeles Maeso, para escenificar cosas de lavanderas. El marco no podía ser más propicio: el lavadero de Muriel, recientemente restaurado, rodeado de pinos y flanqueado por el río al que le da nombre el pueblo, o al revés.
Vestidas a la usanza, provistas de barreños de cinc y jabón del que se elaboraba en casa, las lavanderas, mientras restregaban la ropa, iban recreando conversaciones propias y cancioncillas. Unos hombres galanteaban por detrás, recitando alguna poesía o dejando caer algún refrán o sentencia. Se trataba de recordar aquello que nuestras madres y abuelas hacían habitualmente, primero en el río y más tarde en los lavaderos. Unas obras públicas que en su momento fueron una revolución, tanto como lo sería la lavadora automática, y que Emilio Ruiz ha estudiado y publicado recientemente.
Este grupo que, aumentado, y con el nombre de Valpoesía, celebra en Valdanzo, cada año, recitales de poesía relacionados con artes, oficios y otras labores propias del mundo rural, demostraron, el pasado sábado, 8 de agosto, en Muriel Viejo, que es posible ofrecer actividades pequeñas y entrañables, a la vez que originales.
El acto estuvo organizado por la Asociación Los Abedules, al frente de la cual se encuentra Herminda Cubillo. Y allí nos dimos cita los de casa y forasteros para disfrutar de una velada preciosa que acabó con un vino español ofrecido por el Ayuntamiento.

miércoles 8 de julio de 2009

Se restaura el Sagrario de Montaves




Alumnas en prácticas de la Escuela de Restauración Fundación Cristóbal Gabarrón, de Valladolid, restaurando el Sagrario de la iglesia de Montaves, en un espacio de la iglesia de San Pedro Manrique, el pasado martes, siete de julio. Restaurarán también dos Cristos crucificados, uno de ellos de apenas veinte centímetros, realizado en plomo. Una vez las piezas restauradas, volverán a su lugar, en Montaves.