viernes, 21 de octubre de 2011

Los vecinos de Las Cuevas celebran fiestas a sus santos



Son cuatro los santos mártires que los vecinos de Las Cuevas de Soria veneran en la ermita que, todavía en 1909, Blas Taracena, en su “Carta Arqueológica”, la llamaba de San Cristóbal. A lo santos, mártires romanos según la tradición medieval, se les conoce con los nombres de Sergio, Bacio, Marcelo y Apuleo.
Son dos fines de semana los que dedican a los santos, y durante ellos hay novena, traslado de los relicarios de la ermita a la iglesia de San Pedro Apóstol, subasta de roscos, vuelta a la ermita y subasta de banzos y puja también por colocar a los santos en sus hornacinas, que lleva a cabo Francisco Aldea Aragonés, hijo de quien subastó durante años.
Se vive, como es habitual en el mundo rural, con fervor y recogimiento, y los fieles suben cantando los gozos por una empinada vereda que lleva a la cumbre de lo que un día fuera castro, donde se ubica la ermita, una sencilla construcción rodeada de carrasca, y adornada en su fachada con una estela funeraria de origen romano.
Hemos encontrado algunos escritos, tanto de los santos, como de la lápida funeraria de la fachada y de otras que se conservan en Las Cuevas, que daremos a conocer en la actualización de invierno del web.
Ahora sólo queríamos dejar constancia de ese domingo, 16 de octubre, que vivimos junto con los cuévanos, acompañadas de Elpidio Barranco.

jueves, 6 de octubre de 2011

Las hermanas Llorente, guardianas de la Historia



Repetiré que cada pueblo, por pequeño que sea, tiene su historia, conjunto de otras más pequeñas, que lo hacen único, por mucho que esa historia se parezca a las de otros pueblos.
Fuentes de Magaña es una villa situada al Norte de la provincia de Soria, muy cerca de la divisoria con La Rioja. No conozco el porqué se le atribuye la categoría de Villa, ya que según el padre Gonzalo Martínez, en su “Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana”, siempre perteneció a la Comunidad de Magaña, y a finales del siglo XVIII, en el Censo de Floridablanca, forma su propio partido, con El Espino, y ambas localidades aparecen como del señorío del marqués de San Miguel del Grox.
Estos hechos históricos no interfieren en absoluto a la hora de escribir este artículo, que va íntegramente dedicado a las hermanas Pura y Manolita Llorente. Ellas tal vez no sepan de los avatares de la Historia que convirtieron Fuentes de Magaña en villa, o tal vez sí.
Ellas han vivido otra etapa más reciente de sus vidas y de las nuestras, larga e intensa, pues ya nacieron en la tienda-bar de Fuentes. Las antiguas tiendas de los pueblos de Soria eran ágoras cerradas, lugares de trueque, parada obligada de arrieros y caminantes, visita matutina diaria de la madre de familia, y vespertina del padre. Eran un mundo donde iban a parar confidencias, cuitas y alegrías. Y a la vez un recinto donde se vendía desde las especias que la impregnaban de una mezcla de olores en la que difícilmente se reconocía uno concreto, hasta las abarcas, pasando por todo lo que se quiera uno imaginar.
Allí crecieron las hermanas Llorente para, después del fallecimiento de los padres, hacerse cargo de tienda y bar, hasta la jubilación. ¡Qué no sabrán de Fuentes y sus alrededores! Pues todo, aunque de sus bocas, como si hubieran hecho un juramento, no salga nada, para impotencia de quienes, como yo, tratan de escudriñar en todo aquello que atañe al mundo rural.
Siempre que hemos acudido a ellas nos han atendido con afabilidad y cortesía. Hace años nos regalaron una receta de patorrillo. Más tarde nos informaron de hierbas de la zona aptas para curar diversas afecciones. También el camino de una fuente, en Valdeprado, cuya agua cura las heridas, con ellas acudimos recientemente a la fiesta religiosa del Cristo del Consuelo. Leen mucho, son cultas, se expresan con una corrección envidiable, pero no sueltan prenda. Me hubiera gustado ver el libro donde apuntaban las deudas de las clientas, muchas de ellas vivas todavía, y por ello el mostrarnos ese documento hubiera supuesto una indiscreción.
En fin, si nos hablaron de las fideeras que llegaban desde Valdemadera, en la vecina Rioja, para hacer fideos y pastas. De la Fiscalía de Tasas. De las personas que acudían a comprar desde Fuesas, Vallejo, Valdelavilla, Valdeprado, y Torretarrancho, La Torre, como dicen en la zona, y tuvieron un recuerdo para Paulina, la última habitante, que se fue a vivir a Arnedo. Recordaron que de Navajún, cuando iban a la miel, se paraban a almorzar, y al regreso de dejar las colmenas, compraban bacalao.
Pura, la mayor, nos dijo que cuando cerraron la puerta para siempre, se sentó en un sillón mirándolo todo, tal y como si estuviera velando a un muerto, ni recuerda el tiempo que tuvo la mirada perdida por aquel decorado que había acompañado su vida, toda pasaría ante sus ojos esa noche. Pensamos que deberían dejar escritas sus memorias, serían un largo relato al que acudir para escribir la historia reciente de Fuentes de Magaña.