lunes, 24 de noviembre de 2008

Mañicos

Ha llegado a nuestros ojos el documental “Mañicos”, producido por la Universidat Autònoma de Barcelona, Televisió de Catalunya y Màster documental creatiu. Viene a nuestro web porque el asistente de dirección y fotografía es Luis Herrero, soriano de Quintana Redonda.
Está rodado en el Centro Aragonés de Barcelona, con el hilo conductor del baile de la Jota, y en él tienen la voz los aragoneses residentes en la Ciudad Condal.
Viéndolo, nos ha hecho recordar los centros sorianos, que tan bien conocemos, donde se reúnen, al igual que la buena gente aragonesa, personas procedentes de los pueblos de Soria. Y nos ha hecho pensar en la nostalgia que se siente del terruño. Da igual que la emigración sea a un país extranjero que a otra comunidad distinta de la del nacimiento. El pueblo donde se han dado los primeros pasos, las personas que han rodeado la infancia, el lugar donde se ha dado el primer beso, va siempre en el corazón de los que se ven obligados a dejar su tierra.
Los aragoneses que intervienen son mayores, de los setenta para arriba. Los hijos, vinculados a los pueblos de sus padres sólo durante el verano, posiblemente no tomarán el relevo en los centros en los que sus ancestros han pasado tan buenos ratos. La “última jota”, anunciada por el jotero ante la cámara, es un premonición del destino que espera a la añoranza en grupo.
Otra reflexión, o una pregunta ¿por qué nos empeñamos en que los inmigrantes se adapten a nuestras costumbres y forma de vida, si sabemos, por nosotros mismos, lo difícil que eso resulta?
Merece la pena verlo: manicosdocumental.blogspot.com

domingo, 23 de noviembre de 2008

Día de fiesta en Fuentes de Magaña


Aprovechando la jornada etnográfica de migas pastoriles, los habitantes del pueblo de Fuentes de Magaña se reunieron, primero, para inaugurar el suelo y la calefacción de la parroquia de la Inmaculada Concepción. Un delicioso concierto de un cuarteto de cuerda, delante del altar mayor, completó con acierto la ceremonia religiosa.
El resto del día estuvo dedicado, sobre todo, a preparar el condumio, con la suculenta base de unas migas pastoriles acompañadas de uvas negras, pequeñas y dulces. Novedades para nosotras en estas migas. La primera, el añadido de cebolla para hacerlas más suaves. Otra, la mezcla de aceite de oliva y grasa de haber frito los torreznos, que se sirven aparte, y la adición del pimentón en crudo, o sea, sin sofreír con los ajos. Y el desmigado del pan, muy fino, casi molido. El resultado, unas migas riquísimas que algún comensal las aderezaban con azúcar. Trabajadas a brazo partido –nunca mejor dicho- por las mujeres de mediana edad, las que saben el secreto, ayudadas por el sacerdote, que lo mismo bendecía la iglesia, que daba vueltas en las grandes sartenes con la cucharrena. Migas pastoriles, de esas que comían los trashumantes en sus bajadas a y subidas de extremo, a veces empapadas en leche recién ordeñada.
Una gran lumbre que se convertiría en ascuas, fue encendida delante de las antiguas escuelas, para asar chorizo y tocino llegado de San Pedro Manrique, que serían regados con vino de la vecina Rioja, donde tantos sampedranos y yangüeses irían a vivir por los años sesenta.
Otra actividad más del Otoño en Tierras Altas, que se completaría con el trabajo del acebo, por la tarde, para hacer la digestión.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Cerbón y la miel




El sábado, 15 de noviembre, la cita era en Cerbón. Este Otoño en Tierras Altas está siendo muy agradable. El tiempo acompaña, y el compromiso de organizadores y habitantes da como resultado actividades tan auténticas como el propio mundo rural.
Hombres y mujeres, sin pereza, se sacuden el frío encendiendo el horno comunal, amasando sobadillos, batiendo madalenas, haciendo mostillo, preparando migas, catando miel…, y el resultado es una jornada cálida y amable a más de mil cien metros de altitud, rodeados de montes redondeados, con la vista puesta en el Moncayo nevado. Estamos en Cerbón, donde las recias casas de piedra se apiñan formando ángulos y pequeños escondites, a fin de despistar al cierzo.
La actividad preparada para ese día era la cata de la miel y la extracción de ella como antes. Pero ya que el día se hacía festivo, y el horno comunal había sido encendido, aprovecharon para cocer en él sobadillos, madalenas y tartas. Decía Luisa Zamora que se habían “sollamao”, palabra que nunca habíamos escuchado, y cuyo significado es el mismo que “arrebatado”, o quemado. Pero Luisa exageraba. Habían introducido en el horno demasiado caliente los sobadillos, y se habían cocido deprisa, nada más, porque estaban exquisitos.
Allí estaban María, Juan Catalina (para entretener enseñando a niños y mayores) y Eduardo Alfaro, a quien le cambiamos el apellido de vez en cuando, sin que él se queje, porque le colocamos el Arroyo, de Toño, el sacerdote de Tierras Altas, y parece ser que no le importa demasiado. Se tratará más bien de buena educación. Fue él quien propuso primero una visita a la iglesia de San Pedro Apóstol, un precioso templo románico con soluciones góticas, de dos naves separadas con arcos fajones, y dos ábsides, lo que la hacen original y espaciosa.
Sabíamos que la campana grande tiene el poder de ahuyentar las tormentas, también conocíamos aquello de “si alguna vez oyes ‘don’ ‘don’, las campanas de Cerbón”. Ahora podemos decir algo más sobre ellas, gracias al inventario de campanas que ha hecho de toda la Comunidad la Junta de Castilla y León. La del Oeste tiene el nombre de Jesús Nazareno, y en ella está grabado “Jesús Nazareno tenednos piedad y libra a tu pueblo de la tempestad”. La hizo Güemes, en el año 1907, siendo cura párroco D. Emilio Yturriaga y alcalde D. Valero González. La que mira al Sur se llama María y San Pedro, y en ella se lee “Mi voz es sonora para el demonio ahuyentar con la virtud de María y San Pedro Titular”. El artífice fue el mismo, el sacerdote que entonces era titular, también, pero el alcalde era, en 1901, don Manuel Herrero.
Vayamos a la miel. En un gran salón –suponemos que social- se habían expuesto dos tipos de colmenas, una de ellas de las llamadas “de horno”; el ahumador, aparato que, alimentado con fuego y boñigas de vaca, sirve para ahuyentar a las abejas cuando se va a catar; una plancha de cera virgen que se colocará en el panal para aliviar el trabajo de las abejas; y otros aparatos necesarios, como la centrifugadora, a la que le añadieron un motorcillo, regalo de la modernidad, que evita darle a la manivela. En el centro de la mesa había una bandeja con un suculento mostillo que había hecho, el día anterior, Sira Aguado Herrero. Exquisito, en su punto de dulzor, mezclada el agua-miel con abundancia de frutos secos, a buen seguro de la huerta de Cerbón.
Matías Aguado Herrero y el alcalde, Miguel Aguado Aguado, fueron sacando los panales de la colmena, limpiando la cera, mostrando opérculos, polen y otras particularidades de técnicas que hacen de la fabricación y extracción de la miel un proceso laborioso y antiguo. En la centrifugadora, la miel, limpia, espesa, amarilla, va cayendo en el fondo, y los presentes han de controlar el impulso de untar con el dedo el dulce producto de esos animalillos pequeños que vuelan.
Los niños se afanaban, con sus cámaras digitales, en fotografiar todo el proceso del que, a buen seguro, harían un trabajo en su centro escolar.
Ya metidos en harina, las buenas gentes de Cerbón prepararon unas migas pastoriles que, lamentablemente, no teníamos tiempo para degustar. El día, soleado y magnífico, acompañó en Cerbón.