domingo, 23 de noviembre de 2008

Día de fiesta en Fuentes de Magaña


Aprovechando la jornada etnográfica de migas pastoriles, los habitantes del pueblo de Fuentes de Magaña se reunieron, primero, para inaugurar el suelo y la calefacción de la parroquia de la Inmaculada Concepción. Un delicioso concierto de un cuarteto de cuerda, delante del altar mayor, completó con acierto la ceremonia religiosa.
El resto del día estuvo dedicado, sobre todo, a preparar el condumio, con la suculenta base de unas migas pastoriles acompañadas de uvas negras, pequeñas y dulces. Novedades para nosotras en estas migas. La primera, el añadido de cebolla para hacerlas más suaves. Otra, la mezcla de aceite de oliva y grasa de haber frito los torreznos, que se sirven aparte, y la adición del pimentón en crudo, o sea, sin sofreír con los ajos. Y el desmigado del pan, muy fino, casi molido. El resultado, unas migas riquísimas que algún comensal las aderezaban con azúcar. Trabajadas a brazo partido –nunca mejor dicho- por las mujeres de mediana edad, las que saben el secreto, ayudadas por el sacerdote, que lo mismo bendecía la iglesia, que daba vueltas en las grandes sartenes con la cucharrena. Migas pastoriles, de esas que comían los trashumantes en sus bajadas a y subidas de extremo, a veces empapadas en leche recién ordeñada.
Una gran lumbre que se convertiría en ascuas, fue encendida delante de las antiguas escuelas, para asar chorizo y tocino llegado de San Pedro Manrique, que serían regados con vino de la vecina Rioja, donde tantos sampedranos y yangüeses irían a vivir por los años sesenta.
Otra actividad más del Otoño en Tierras Altas, que se completaría con el trabajo del acebo, por la tarde, para hacer la digestión.

1 comentarios:

Manuel de Soria dijo...

Lo triste es que con la depoblación de los núcleos rurales, hasta la costumbre de las migas pastoriles terminará por perderse.